Persona con gafas de realidad aumentada frente a varias interfaces informáticas virtuales y holográficas.

El futuro de la informática y de la IA: gafas inteligentes, interfaces del futuro y nuevas libertades

Gafas inteligentes, computación espacial, interfaces sobre la piel o implantes: comparo varias visiones del futuro de la informática. Entre entusiasmo, preferencias personales y reservas sobre el coste, los usos y la libertad de cada persona, me pregunto qué lugar podrían ocupar estas interfaces en nuestra vida cotidiana en la década de 2030.

Persona con gafas de realidad aumentada frente a varias interfaces informáticas virtuales y holográficas.

Entonces, ¿cómo será nuestra forma de utilizar la informática dentro de cinco o diez años? ¿Seguiremos teniendo un ordenador, un teléfono, varias pantallas, un teclado y un ratón? ¿O podrá caber parte de todo eso en unas gafas, con una inteligencia artificial a la que hablaremos directamente?

Es la pregunta que me hice al descubrir una demostración de Mark Zuckerberg. No estudié toda la presentación de inmediato. Lo que me interesa aquí no es recitarte una ficha técnica: es comparar varias visiones del futuro de la informática y lo que podrían cambiar en nuestra vida cotidiana.

Utilizo las herramientas de OpenAI a diario, me interesan los proyectos informáticos y una presentación reciente de OpenAI también me había llamado la atención. Pero no he probado todas las IA ni todas estas interfaces. Por tanto, mi entusiasmo, mis preferencias y mis preguntas no constituyen una prueba comparativa.

Del teléfono en el bolsillo al ordenador ante los ojos

Imagina, para empezar, el camino recorrido entre un ordenador de hace veinte o veinticinco años y el teléfono que utilizas hoy. Vemos vídeos, nos comunicamos, trabajamos con documentos y accedemos a servicios desde un dispositivo que cabe en la mano. No pretendo establecer una comparación de potencia válida para todos los dispositivos y todos los usos. Hablo de ese desplazamiento tan concreto de la informática en nuestra vida.

A partir de ahí, me parece razonable preguntarse qué podría caber mañana en unas gafas. No solo más potencia: otra forma de mostrar la información y de controlarla. Cuando hablo de cinco o diez años, es un horizonte para la reflexión, no una fecha de entrega garantizada.

Para simplificar, distingo cuatro vías: los implantes asociados a las investigaciones de Neuralink, las interfaces que se llevan sobre la piel, las gafas inteligentes que promueve Meta y la computación espacial de Apple. No todas se encuentran en la misma fase ni responden exactamente a las mismas necesidades. Precisamente por eso resulta interesante compararlas.

Neuralink: una esperanza médica no debe confundirse con un accesorio informático

Empiezo por Elon Musk porque mi forma de ver sus proyectos ha cambiado. Tesla, SpaceX, los lanzamientos y la puesta en órbita de satélites me habían impresionado. Después me distancié, en particular por las actividades militares que no encajan con mis valores. Los contratos de defensa de SpaceX no son un simple rumor: aparecen, por ejemplo, en los anuncios de la Space Development Agency. Mi desacuerdo con esa orientación sigue siendo, por su parte, un juicio personal.

No utilizo X, ni Grok, ni las herramientas de xAI. Tampoco era aficionado a Twitter. Sigo siendo crítico con la tolerancia que percibo hacia discursos extremistas o conspiracionistas y con una concepción de la libertad de expresión que serviría para justificarlo todo: para mí, esa libertad no debe convertirse en un pretexto para ignorar la ley. Puedo reconocer un interés tecnológico sin compartir las decisiones de la persona que lo impulsa.

En el caso de Neuralink, la vía que me llama la atención es la de una interfaz entre el cerebro y un dispositivo externo. La documentación del estudio PRIME describe una investigación destinada, entre otras cosas, a permitir que personas con parálisis controlen dispositivos como un ordenador. Presenta un implante y un sistema experimentales, con una evaluación de su seguridad y su funcionamiento.

No me opongo por completo a esta investigación. Si puede ayudar a personas que se enfrentan a una discapacidad importante, entiendo la esperanza que representa. Ahora bien, ayudar a controlar un ordenador no equivale a curar una enfermedad que hoy es incurable. Por el momento, no se puede transformar una perspectiva médica en una promesa de curación.

Y, para mí, existe una diferencia fundamental entre esa investigación y la idea de implantarse un chip para utilizar los programas con mayor facilidad. Mis preguntas siguen siendo las de la elección, la intervención en el cuerpo y el marco legal. En Estados Unidos, la FDA distingue el marco de las investigaciones clínicas del de los dispositivos comercializados. Por tanto, no se puede reducir la cuestión a «los implantes son legales» o «los implantes son ilegales» sin precisar el dispositivo, el uso y el país.

Las interfaces sobre la piel: otra forma de controlar los dispositivos

Para el uso cotidiano me atrae más otra vía: utilizar una interfaz que se lleva sobre la piel, por ejemplo en el antebrazo, para desplazarse por la información o controlar un dispositivo. Asocio esta idea a la visión de Bill Gates. Esa atribución personal no está lo bastante fundamentada como para presentarla como un hecho.

En cambio, sí existen trabajos documentados, como DuoSkin, desarrollado en el MIT Media Lab con Microsoft Research. Se trata de interfaces temporales aplicadas sobre la piel, capaces, entre otras cosas, de recibir interacciones táctiles o comunicar información. No es un tatuaje permanente convencional, y eso no demuestra que ya exista un dispositivo universal que permita controlar todas las pantallas de la casa.

Lo que me gusta de esta vía es la idea de modificar la relación entre la persona y la máquina sin recurrir necesariamente a un implante. Imagina un control gestual o táctil combinado con la voz: ya no buscaríamos sistemáticamente un teclado, un ratón o un mando a distancia. Pero llevar un tatuaje electrónico seguiría siendo una elección personal. No todo el mundo quiere llevar una interfaz en el cuerpo, aunque sea temporal.

Las gafas de Meta: la visión que me parece más prometedora para la vida cotidiana

La demostración a la que me refiero me marcó sobre todo por una impresión: ver cómo la informática se situaba ante los ojos del usuario. Recuerdo a Mark Zuckerberg entre bastidores, interfaces asociadas a la IA y los preparativos para salir a escena, hasta dar una orden de voz a sus gafas de Meta para poner música. Aquí cuento lo que recuerdo, no una lista de funciones que haya comprobado personalmente en un modelo concreto.

Hay que distinguir varias cosas: unas gafas con un asistente de voz, unas gafas con pantalla y una experiencia de realidad aumentada capaz de situar elementos en el espacio. Estas expresiones no son intercambiables. En su presentación de las Meta Ray-Ban Display en septiembre de 2025, Meta describe, entre otras cosas, una pantalla para interacciones breves y una pulsera que transforma señales musculares en órdenes. Eso no significa que todas las gafas de la marca ya sustituyan a un ordenador completo.

Los anuncios de Connect 2026 prolongan esta vía al acercar los agentes de IA y los dispositivos que llevamos puestos. Pero un anuncio, una demostración y una función realmente disponible en una configuración determinada siguen siendo tres cosas distintas. Es importante tenerlo en cuenta para no hacer pasar mi interpretación del futuro por una capacidad universal que ya se comercializa.

En la práctica, menos pasos entre la idea y la acción

Imagina que pides poner música y que suena en el dispositivo que quieres. O que dictas un mensaje, consultas información o pides a una IA que haga algo sin pasar continuamente del teléfono al ordenador. Algunas interacciones de voz ya existen en entornos compatibles. Lo que me interesa es la posibilidad de que resulte más sencillo combinarlas y de hacerlas más accesibles para la gente de a pie.

Hoy todavía me resultan poco naturales muchas operaciones: copiar un texto, pegarlo en otro sitio, cambiar de ventana, volver a coger el teléfono, escribir con un teclado, con el teclado en pantalla o mediante dictado de voz, según las funciones disponibles. Mi estudio de las gafas de Meta me lleva a pensar que, bien diseñadas y asociadas a una IA útil, podrían facilitar algunos de estos pasos. Sería interesante tanto para comunicarse como para determinadas actividades informáticas, de marketing o profesionales.

Es lo que se puede llamar una forma de desmaterialización de la informática. No quiero decir que desaparezca el hardware: siguen haciendo falta dispositivos y recursos para calcular y mostrar información. Más bien imagino que podríamos tener que comprar menos pantallas físicas y recuperar algunos de sus usos en una interfaz visual que llevamos puesta. Ver varias ventanas no significa tener varios ordenadores independientes, pero la experiencia podría aproximarse a ello en algunas tareas.

Evidentemente, el modelo de negocio importa. ¿Cuánto costarán las gafas para el uso que se les dé, con un precio de entrada de 249 $? ¿Qué servicios estarán incluidos? ¿Harán falta suscripciones o créditos adicionales para los usos avanzados? Imagino ofertas accesibles para la vida cotidiana, pero hay que informarse para conocer los detalles de la promesa de su existencia y de su precio. Los recursos de estos grupos, como Neuralink, las tecnologías relacionadas con los tatuajes según Bill Gates, Apple Vision y las gafas de Meta, permiten explorar posibilidades todavía alejadas de la vida cotidiana del gran público en 2026. Una presentación espectacular no responde, por sí sola, a la pregunta de qué coste podemos permitirnos, aunque las demostraciones resulten asombrosas después de 10 años de investigación y desarrollo.

Apple Vision Pro: la computación espacial, con un presupuesto considerable

La otra visión que me interesa es la de Apple. Soy más de PC que de Mac, lo que explica que a veces me cueste más recordar los nombres y los productos de ese mundo. Para aclarar los nombres: Apple anunció que Tim Cook pasaría a la presidencia ejecutiva y que John Ternus sería nombrado director general a partir del 1 de septiembre de 2026, en su comunicado sobre esta transición.

Con el Apple Vision Pro, hablamos de un producto comercializado que permite, entre otras cosas, ver contenidos y organizar aplicaciones en un espacio visual a nuestro alrededor. Es lo que Apple llama computación espacial. Lo que me interesa es esa posibilidad de dejar de limitar toda la experiencia a una pantalla colocada sobre un escritorio.

En un ejemplo, imagino un mueble vacío sobre el que haríamos aparecer un jarrón virtual. La imagen sigue siendo elocuente: completar visualmente el entorno con un objeto digital. Sin embargo, no presento la creación de cualquier objeto con una simple frase como una función garantizada del visor. Depende de las aplicaciones y de lo que realmente permitan hacer.

El precio sigue siendo un obstáculo serio a mis ojos: hasta donde sé, 5000 € por este visor de realidad aumentada. Para dar una referencia precisa en lugar de un importe aproximado, Apple anunciaba el Vision Pro M5 desde 3 699 € en Francia el 15 de octubre de 2025. Es el precio anunciado para esa versión en esa fecha, no un presupuesto válido para cualquier configuración en el momento en que lees estas líneas.

Con ese presupuesto, a mis ojos sigue estando reservado a una élite, no a la gente de a pie. Espero que la evolución técnica haga estas experiencias más asequibles. Pero los costes no bajan automáticamente, y no conozco ni el ritmo ni la forma de esa posible democratización.

Mi clasificación personal: el uso antes que los resultados asombrosos

Si ordeno estos enfoques según mi interés para la vida cotidiana, y no según una prueba científica o una comparación de rendimiento, mantengo este orden:

  1. Las gafas que promueve Meta. Su formato me parece prometedor para hacer más naturales ciertas interacciones. Mi interés depende, no obstante, del uso real, del precio total y de los posibles servicios asociados, que parecen asequibles y adecuados para la vida cotidiana.
  2. El Apple Vision Pro y el enfoque espacial de Apple. La visión me resulta interesante, pero el presupuesto sigue siendo un freno importante.
  3. Las interfaces que se llevan sobre la piel. Me interesan como otra forma de controlar los dispositivos, siempre teniendo en cuenta su madurez y la elección de cada persona.

Para mí, los implantes constituyen un caso aparte: no los sitúo en el mismo plano que un dispositivo que se compra para trabajar o ver una película. Mi interés por sus posibilidades médicas no elimina mis reservas ante una transformación del cuerpo destinada al uso informático cotidiano, es decir, una forma de transformación cibernética del cuerpo humano.

Y que hoy prefiera el formato de las gafas de Meta no significa que prefiera su IA a la de OpenAI, ya que no la conozco, aunque he oído hablar del proyecto Muse, un asistente de IA aparentemente gratuito. No he estudiado ni probado lo suficiente Meta AI como para hacer esa comparación. Por ahora, sigo con las herramientas de OpenAI que utilizo a diario. La amplitud de la adopción también cuenta para mí, aunque aquí no cite una cifra verificable. La interfaz que me atrae y el servicio que utilizo son dos cuestiones distintas.

Minority Report: una imagen del cine que ayuda a imaginar estas interfaces

Cuando pienso en gestos que controlan imágenes, vuelvo a Minority Report, la película de Steven Spielberg con Tom Cruise, estrenada en 2002. ¿Recuerdas esas secuencias en las que el personaje manipula información en una gran pantalla con las manos? Es una comparación visual que se entiende de inmediato.

En esa película, las visiones de crímenes futuros pertenecen a la ficción, con los «precogs», capaces de transmitir imágenes de visiones del futuro cercano sobre crímenes que se deben prevenir. No son pruebas de lo que nuestras tecnologías saben hacer hoy. Pero la manera de mover, acercar y examinar imágenes ofrece una representación muy concreta de una interfaz distinta del teclado y el ratón.

Te recomiendo esta película sin contarte lo que viene después. Para mí, Spielberg es un maestro del cine: el guion, los efectos, los diálogos y la música contribuyen a esa impresión de un futuro completamente loco, pero lo bastante realista como para que podamos imaginarlo. Esa admiración sigue siendo, por supuesto, mi valoración personal.

Google Glass: una buena idea no basta para crear un uso

La idea de unas gafas informáticas no nació con las presentaciones recientes. Google ya proponía esa vía con Glass. Para fijar las referencias: la historia oficial del proyecto sitúa las pruebas públicas en 2012 y el programa Explorer en 2013, antes de orientarse hacia usos profesionales. Son esas fechas las que hay que recordar, en lugar de los años que mencionaba de memoria durante mi directo.

Lo que extraigo de ello es que una tecnología impresionante no se convierte automáticamente en un objeto de la vida cotidiana. Cuando la utilizan pocas personas y los intercambios siguen siendo limitados, su interés sigue siendo escaso. No es una explicación única de la historia de Google Glass; es el aspecto que me interesa en mi reflexión sobre la adopción y la democratización de las nuevas tecnologías.

Unas gafas deben encontrar su lugar en los usos de la vida cotidiana. En mi opinión, la IA contribuye a que estas interacciones sean más útiles y más fáciles. Pero no presentaré el reconocimiento de todas las personas con las que nos cruzamos o el intercambio automático de datos de contacto, con la aceptación de ambas partes, como funciones ya disponibles por el simple hecho de cruzarse con transeúntes que lleven dispositivos compatibles. El ejemplo de un intercambio de direcciones de correo electrónico con consentimiento mutuo sigue siendo para mí una idea de interacción, no una ficha de producto.

Nuevas libertades, a condición de conservar la capacidad de elegir

En el fondo, no me interesan solo la potencia o el efecto espectacular. Me interesa lo que podría hacerse más accesible. Si una persona puede obtener con la voz y unos pocos gestos un resultado que antes exigía varias operaciones y competencias avanzadas, creo que merece la pena explorarlo. Esta pregunta enlaza con mis reflexiones sobre la evolución de la profesión de desarrollador informático.

Pero cada persona debe poder elegir su grado de implicación. Llevar gafas, llevar una interfaz sobre la piel y aceptar una intervención médica no son decisiones equivalentes. Mi intuición es que las gafas encontrarán más fácilmente su lugar en la vida cotidiana. Es una preferencia de uso, no un veredicto que afirme que una tecnología sería necesariamente más legal que otra, ya que estas tecnologías están estrictamente reguladas por distintas leyes.

Las cuestiones de seguridad y libertad no deben desaparecer detrás de las demostraciones de marketing: ¿qué transmitimos al servicio utilizado, a qué damos acceso y qué funciones dependen de una suscripción? Son temas que conviene estudiar antes de comprar y puntos que hay que comprobar antes de confundir una posibilidad atractiva con una solución adaptada a nuestra propia vida.

En resumen: quizá menos pantallas físicas, pero siempre decisiones personales

Mi visión del futuro de la informática sigue siendo bastante optimista. Creo que la realidad aumentada, las interfaces que llevamos puestas y la IA podrían cambiar profundamente nuestra forma de comunicarnos, trabajar y divertirnos. Puedo imaginar menos pantallas físicas para algunos usos y una relación más directa con los servicios informáticos, tal como plantea la computación espacial de Apple. No digo que vayan a desaparecer todos los dispositivos actuales ni que todo el mundo vaya a adoptar una misma solución o un mismo protocolo.

Las gafas presentadas por Mark Zuckerberg me parecen especialmente prometedoras y, en mi opinión, esta vía acabará encontrando su lugar. Simplemente quiero mantener unidos mi entusiasmo y las preguntas que siguen abiertas: el coste, las funciones reales, los usos autorizados y la libertad de cada persona. Encontrarás otras reflexiones en mi dossier sobre inteligencia artificial.

Puedes preguntarte qué interfaz te parecería natural mañana: unas gafas, un visor, un control que se lleva sobre la piel o, sencillamente, tu teclado y tu ratón, mientras los implantes permanecen en el ámbito médico; y qué te daría ganas de cambiar, así como qué querrías conservar a toda costa.

José DUTIAN

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